Dice el lema de esta bella villa. Pasear por ella hace que el visitante vaya de sorpresa en sorpresa. Damos antes una mirada a la historia. Por el centro discurría la Vía Augusta. Los Madroños fue de realengo desde que, al casarse el rey Alfonso, hijo de Ramón Berenguer IV, con Sancha, niña de Castilla, le fue dada a Sancha la villa entre otros lugares. Jaume Y la permutó por otras propiedades a la condesa Sibil.la de Pallars, pero este hecho no prosperó. Gracias a ser de realengo tuvo el privilegio de mercado todos los martes desde una fecha que se pierdo a primeros del siglo XIII, y unos años después le fue concedido el de feria, que con el nombre de Feria de Santa Llúcia, tiene lugar el 13 de diciembre. En el siglo XV era señor Joan Berenguer de Masdovelles, poeta, partidario de Joan II en la guerra civil catalana. Poseía notario público y barrio judío. En el siglo XVI fue amurallada, aunque de aquella obra de protección ya no queda más que el recuerdo en una placa del edificio sito en la esquina de a pie Mayor con Rambla Gener. Casas de estilo modernista de a pie Mayor, dignas de una capital de provincias, entre ellas, mezclándose, pueden verse otras de estilos más antiguos, resistentes a guerras e incendios. Otras calles y otros edificios no desmerecen de la Mayor, por el que se recomienda vivamente callejear por esta singular villa, y levantar la vista para ver bien las pequeñas cúpulas, templetes, adornos florales, esgrafiados y, en fin, todo un muestrario de elementos constructivos y decorativos propios de la época, que se mezclan con la sobriedad de la casa natal del abad Escarré y con el estilo acastillado de la torre Bello-Mirada. Hace falta detenerse en el Museo de puntas a cojín, pues si en todo el Baix Penedès se disfruta esta actividad, es en’L Madroños dónde llega a su cenit, puesto que tienen hasta una escuela de puntaires. En el museo pueden verse verdaderas obras de arte confeccionadas con hilo y expuestas con gusto y decoro. En el mismo edificio está la casa de la cultura, con auditorio, punto de información juvenil y sala de lectura. Digamos algo más de la tradición de puntas a cojín. El equipo de novia que la princesa Mercedes llevó en sus bodas con Alfonso XII, fue hecho en’L Madroños, el abad Escarré fue obsequiado con piezas salidas de las manos de las mujeres de esta bella villa, y la Virgen de Montserrat lleva una mantellina bordada por ellas.
Las amables señoras de la Escuela Puntas al **ì/
entes<1>/ dejaron fotografiar sus bellas labores El palacio Gener y Batet fue construido en dos etapas (1877 y 1889) por Josep Gener y Batet, hijo de la villa y fundador de los Tabacos Gener de La Habana. En la actualidad es un centro educativo. El antiguo hospital de Sant Antoni, es un edificio modernista con fachada neogótica. Se construyó en sustitución del hospital medieval y alberga una residencia geriátrica de titularidad municipal. Conocida como “el castillo”, en la carretera que se dirige a Bañeras, se encuentra la torre de Bello-Mirada, construida en 1898, majestuoso edificio con torre de planta circular. Del siglo XVII es la casa natal del abad Escarré, el personaje más respetado de L’Madroños, a quien se le elevó estatua en uno parquecito. En fin, la casa de las Américas, el edificio del archivo… Pero si cree que ya no hay más sorpresas, todavía resta la mayor. Según por dónde se acceda a la villa, el visitante se pasará las manos por los ojos sin creer el que ve: una giralda de Sevilla! Pues si, a menor escalera (todavía así 52 metros de altura), es una reproducción de la famosa giralda, construida por Joan Roquer *y Marí, un capricho que se complementa en el interior con el Patio de los Leones y el Salón de Embajadores de la Alhambra de Granada.
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