EL VENDRELL

“El Vendrell, cercado de viñas que el labrador con su arte exquisito trabaja, cargadas en el verano del fruto sabroso de dónde regala a mares hecho el vino ardentíssim para encender la sangre de las venas.. El Vendrell, con sus arbequines de verdors cendrejants y eternas, aquí y allá levantándose en paradas  como pastores de rebaños guardando sus cepas que a su entorno apacientan; con sus garroferaros de verde esmeralda…”. (Angel Guimerá).

Desde que Ángel Guimerá describiera de esta forma ideal al Vendrell han pasado muchos años y la comunidad ha aumentado tanto, que ahora suma más de veintisiete mil habitantes, dándose el caso que debe años (de 1991 a 2001) creció el cien por ciento. Esto no quiere decir que este enclave haya perdido un poco de su carácter. El Vendrell es la cabecera de comarca del bajo Penedès y concentra el cuarenta por ciento de la población. Aquí, el visitante puede encontrar de todo: industria, arte, cultura, tradición, diversión, música sobre todo, ocio y playas. Además de los núcleos urbanos del Vendrell y Sant Vicenç de Calders (que trataremos aparte), cuenta con varias urbanizaciones y las playas de Coma-ruga, Santo Salvador y El Francás. Fue creada capital del partido judicial en 1835.

La mejor manera de visitar El Vendrell es dejando el vehículo en las afueras y buscando la torre de la iglesia con la mirada, para dirigirse hacia ella. En un perímetro de unos doscientos metros se concentra todo el que tiene de interés (que es muy), a excepción de la franja costera. Callejear y observar. Casas de indians, pequeñas plazoletes, la Rambla, el mercado… Vamos por partes.

AL estar en la ruta de la calzada romana que unía Roma con Gades, al Vendrell y sus alrededores aparecen numerosos restos romanos. Es en la Edad Media cuando esta tierra de frontera, concretamente el castillo de Calders (del que no queda ningún resto) es entregada al monasterio de Santo Cugat y estos mantuvieron pleitos con la nobleza menor. Distintos señores lo fueron de este castillo, los apellidos del cual aparecen en las crónicas: San Martí, Bonet Bernat… hasta que en 1181 el monasterio se hace con el lugar y Jaume Y confirma el señorío.

Algo más lejos que este perímetro ideal de los doscientos metros, que decíamos más arriba, se encuentran las torres, unas medievales y otros más modernas. La Torre del Cintoi, redonda, de la cual se conservan restos se puede datar en los siglos XI o XII. Según Ramón y Vidales, esta torre tenía una pairona en Santo Salvador, que fue destruida a mediados de XIX. Se sitúa en una pequeña elevación entre la carretera A-7 (antigua N-340) y la calle Cintoi, en la cumbre de un margen. Ambas torres, la de la playa y el Cintoi, eran necesarias para vigilar a los corsarios, aunque después los señores los dieran otros usos. Otra es la Torre del Mas Francàs, en la costa, de defensa y estructura cuadrada. Todavía hay dos más, redondas, la del Botafoc, del siglo XIX y la del Monte, de la misma época, cuando, debido a las Guerras Carlistes, se decidió fortificar la villa. El Puente de Francia y la casa solariega El Cercado, residencia del pianista vendrellense Bienvenido Socias (1877-1952), son, también, dignas de una visita.
La Iglesia del Santíssim Salvador, la torre del cual vamos buscando, es barroca, del siglo XVIII (se empezó en 1732) y magnífica, tanto su sólida portada que muestra robustas columnas, como el interior, dónde puede admirarse el altar mayor, obra del arquitecto tarraconense, discípulo de Gaudí, Josep Jujol, quien tanto trabajó por toda Tarragona. restauró Jujol otras partes de la Iglesia tras la contienda civil española. Por un lateral del altar se accede a una capilla dónde pueden admirarse exvotos, entre ellos lo Bergantí Salvador, donado por Gertrudis Comas, procedente de la ermita de Santo Salvador.

Todos coinciden que la pieza más querida de la iglesia es el órgano, que data del año 1777. Quizás sea porque lo tocó Pau Casals y antes su padre, que había estado precisamente el organista. Lo construyó Lluis Xarrier, y el coste fue de 2.669 libras y 16 sueldos, se pagó del vi de los brisas, impuesto creado para levantar la iglesia; colaboraron también los fondos del agua y una pequeña parte aportaron las cofradías de Sant Gregori y la de las mujeres, además de una colecta que se hizo por la villa. Recibe muchos visitantes al año y precisa de una restauración que llegaría a los 300.000 euros. Es tal el afecto que tienen por él (algo que no resulta raro en una sociedad tan amante de la música) que existe una asociación de Amigos de l’Órgano, que preside Salvador Guasch. Todo esto nos lo cuenta Jaume Ramon y Vidales en su historia sobre El Vendrell. Y también que desde el campanario de la iglesia defendieron la villa del acoso de los carlistes en 1874. Nosotros, una de las tardes que visitamos la iglesia, pudimos emocionarnos a la escuchar el órgano, era la tarde del 7 de noviembre, tal vez estaban haciendo pruebas para su restauración.

Cerca de la iglesia se encuentra la Fundación Apel.los Fenosa en el estudio y residencia de verano del escultor hasta su muerte en 1988. Es un edificio del siglo XVI, restaurado, conocido como Casa y Portal del Pardo (formó parte de las murallas de la villa, concretamente de una de las puertas) con un bello jardín. Contiene una importante colección de esculturas originales en terracota y tiza, y bronces en el jardín.  “La vocación primera de la fundación es proteger, documentar y promover la obra del artista. Conserva, pues, las esculturas originales de Fenosa, así como un fondo documental, destinado a un público nacional e internacional, y organiza exposiciones temporales y varias manifestaciones culturales en torno a Fenosa y artistas contemporáneos”. Dice el folleto explicativo que entrega una joven de habla sureña (no sabemos si todavía seguirá, pero en septiembre de 2005 allí estaba), simpática y amable, que invita además a visitar otros centros y lugares de la villa.
De la fundación no se puede visitar la segunda planta dónde vive su viuda. En la fecha que decimos ver una exposición temporal de Fenosa-Alberto Giacometti. El jardín, mediterráneo, es precioso y no muy grande, con naranjos y limoneros, flores y arbustos que se confunden con bronces representando Orlando furioso en el centro, Metamorfosis de Ovidio o Laprimavera, entrante a la izquierda “Tempète pourchassée par le Beau tiempo” (1957), con un poema de Salvador Espríu: “De quien huías sino de tu mateisa? Llueve fuerte, perè emporta el viento amigo las nubes hacia la lejanía dónde ya no puede seguir-te tu por”.

En otra parte del centro de la villa se asienta la Casa Museo Guimerá, en los bajos del cual han instalado el Museo Arqueológico. muy cerca la casa natal de Pau Casals, la visita de la cual debe ser completada por otra a Vil. Casals, en Santo Salvador y, a poder ser, a la sepultura del cementerio de la villa, dónde fueron trasladados sus restos tras morir Franco, tal y como fue su deseo.

En la modesta casa dónde nació el grande Casals, una señora muestra con veneració sus estancias y los muebles, entre los cuales destacan la pequeña calabaza que su padre le regaló siendo él muy pequeño, la carbasseta.

Del Museo Diez fue fundador un notario de la villa, Antoni Debe Font (1918-2001), la importante colección de la cual de obras de arte donó al municipio en 1987. Se inauguró en 1995. Allí pueden admirarse pinturas (Ramón Casas, Joaquin Mir, Joaquim Sunyer, Julià Grau Santos…),  dibujos, cerámica, objetos y tallas religiosos, vidrio soplado catalán. El más importante es la Sala de las Alfombras, por dónde se anda sobre un suelo de vidrio mientras se contempla la colección de alfombras orientales.