Es la tercera localidad más poblada del Tarraconense, tras Tarragona y Vila-seca, con casi once mil quinientos habitantes. Hace ya años que Salou está enfocada al turismo, pero este lugar tuvo gran importancia como puerto habilitado para el comercio al extranjero. Este comercio era vigilado y protegido por la Torre Vieja de Carlos V, construida en 1530 por el arzobispo Pedro de Cardona, para defensa contra las incursiones de piratas y corsarios, al sur de la cual está el anclaje de buques grandes defendido por una pequeña batería. Otra torre más, conocida como Torre Nueva o de Llatzaret y el faro, al extremo del muelle, completan la infraestructura de este importante centro comercial. Esta riqueza no podía pasar desapercibida a los corsarios. Dice Ramiro Feijoo que fue el lugar de la península más atacado por ellos y le cabe el dudoso honor de haberse visto obligado a recibir hasta al mismísimo Barbarroja. Desde 1515 a 1587, Salou es atacado catorce veces y hasta una leyenda, “El rapto de la novia”, existe sobre estos ataques: el día de las bodas de la hija de la Casa Grasset, llegaron hasta la misma casa los corsarios, matando y arrasando, capturando a la moza y llevándosela, tal vez, porque nutriera el harén del sultán de turno. Su importancia histórica vendía de atrás. Desde la Playa de los Curas partió Jaime Y en 1229 para conquistar Mallorca; siglos después el escultor Salvador Ripoll sería el encargado de modelar un monumento en honor del monarca. Ahora, desde el faro, bordeando la cabeza, la costa forma calas y acantilados y, al fondo, pinares alegran la vista de una de las poblaciones más bellas del Tarraconense. Nueve mil árboles –entre ellos mil palmeras- protegen del sol en Salou. Los rallys de coches de época y la "Cena del Calamar", fiesta anual que celebra el Club Náutico para cerrar el concurso de pesca, son sendos atractivos añadidos a esta localidad. Aunque el mayor de todos sea Port Aventura, desde que este gran recinto de atracciones fuera instalado.
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