TARRAGONA

Tarragona está a punto de llegar a los cien trece mil habitantes la vida de los cuales discurre en una capital luminosa y mucho bueno organizada urbanísticamente. La parte medieval se encuentra construida sobre la romana unas veces y otras reutilizando los edificios de Tàrraco. No se sabe todavía todo el legado romano y anterior que puede haber en el subsuelo. Los tarraconenses se encuentran con restos de otras culturas cada vez que tiran un edificio antiguo; hace apenas un año han aparecido gradas muy bueno conservadas del circo y en diciembre de 2001, tuvimos ocasión de ver, en la Rambla Nueva, restos abovedads, tal vez también del circo.

AL pasear por la bella ciudad se comprueba por comparación –una de las formas de conocer los hechos por mucho que a algunos los moleste- el respeto urbanístico, conjugando restos arqueológicos con nuevas construcciones, rehabilitando edificios medievales dedicándolos a organismos públicos, consiguiendo así una armonía que, añadiéndole la bonanza del clima, la luz, y la proximidad de mar, hacen del actual Tarragona una ciudad ideal para vivir y para visitar. Aunque no siempre fue así y hemos leído severas críticas sobre la especulación urbanística y la facilidad para mover la piqueta, algo usual en todo el Estado Español.

El más antiguo conservado se encuentra en el Paseo Arqueológico, dónde pueden verse las murallas romanas (III-II a.C.), con seguridad cimentadas sobre las iberas, y sobre ambas, fortificaciones medievales y modernas (XIV-XVIII). Tal vez sea la muralla romana, por su grandiosidad y buen estado de conservación, el más espectacular de Tarragona, sobre todo por la noche, cuando son iluminadas. Rodea el casco antiguo y el contorno del Paseo Arqueológico permito admirar más de un kilómetro. Los enormes bloques de piedra que la sustentan, obran seis puertas ciclópeas enmarcadas por grandes piedras. Las murallas llegan a en algunos puntos hasta doce metros de altura. Los refuerzos, en forma de torre, dan lugar a la de Minerva y el portal de Sant Antoni, de los siglos XVI y XVIII. Parte de la muralla sirvió, a lo largo de la historia, para fundamentos de edificios como la Torre del Arzobispo y del *Prepósito. En 1884 fueron declaradas monumento histórico-artístico. Del siglo Y d. C. y asimismo patrimonio de la humanidad, es el Circo, edificio destinado a carreras de caballos y carros. Si lo comparamos con el de Roma (el mayor edificio construido para espectáculos no sólo de la época, si no de todos los tiempos), donde podían asistir casi cuatrocientos mil espectadores, este de Tàrraco no deja de ser un de provincias, con capacidad para unos veinte mil. Los cuales nos hemos extasiado ante películas de romanos, recordaremos la reciente de Gladiator, dónde aparece ante los ojos de los gladiadors, no el gran circo de Roma del que apenas quedan unas piedra, pero sí el Coliseo, que deja boquiabiertos y incrédulos a los cuales van a dejar la piel en la arena. Los delfines que veíamos bajar cada vez que daban una vuelta las cuádrigas conducidas por dos aurigas de postín en la película Espartaco, están disparos de la realidad, pues así era el antiguo cronómetro, por cierto, muy ritualizado, puesto que los delfines estaban allí en honor a Neptuno. También Tàrraco tuvo dos aurigas famosos que, al estilo del Bien-Hur cinematográfico, cobraban abundantes sestercios por participar en carreras, eran Fuscus y Eutyches... La Catedral, dedicada a Santa Tecla, se levanta, en la parte más alta de la ciudad, como otros templos sobre los cuales se asienta. Es la mayor de Catalunya y la más mezclada, en cuanto a estilos arquitectónicos se refiere. Se empezó en el siglo XII y se consagró en el XIV. De su interior destacaremos el impresionante altar románico hecho en mármol blanco y el retablo mayor gótico con figuras cortadas en alabastro policromad. El claustro mezcla los estilos románico y gótico, pero el más interesante son los restos del templo a Júpiter y del mirhab árabe. Alrededor de ella existen leyendas que hemos recogido en páginas anteriores...