VILA-SECA

Vila-seca i Salou anduvieron juntas muchos años, hasta 1990. Ahora es Vila-seca, pero se apellidó Solcina o de los Olzina, nombre de los señores feudales de la villa en un momento de su historia. En el año 1400, cuando la burguesía pasó a sustituir a la nobleza, adquirió El Pinar –hoy renombrada playa- Bernat Requesens, quien residía en Vila-seca; posteriormente la vendería. Al parecer fueron dos las vilasecas, una de los señores y otra del común, pero con el tiempo se fueron confundiendo una y la otra. Es el lugar más poblado del Tarraconense, tras la capital, con casi doce mil quinientos habitantes. De su pasado romano hay restos suficientes para otorgarle bastante importancia, algunos conservados en el Museo Arqueológico de Tarragona: mosáicos, sarcófagos, lápidas y monedas. La torre de Sant Antoni, un portal dovelado, es un resto de fortificación, que forma parte de antiguas murallas y conjunto con la torre. Puede verse también el castillo restaurado en el s XIX, del conde Sicart. Interesante es la leyenda del “rescate de las Cien Doncellas”, que se encuentra recogida en el capítulo de este libro “Soria y el Tarraconense unidos por las tradiciones”. De esta leyenda hay restos físicos: la iglesia parroquial dedicada a San Esteban y el Piló del Rescate o Piló de Santo Esteve, especie de monolito con relieve, colocado en 1965 en el mismo lugar que la tradición mantiene que tuvo lugar el encuentro de las cien doncellas –destinadas a harenes de la morisma- y el joven Pinós, rescatado milagrosamente por santo Esteban. muy próximo a este monolito conmemorativo se encuentra la ermita del Pinar, cerca también de la playa más famosa de la zona, del mismo nombre que la ermita, y en los alrededores de la cual apareció una villa romana.